Me han dicho que te deje de escribir, pero no puedo.
He oído que las mieles de los encantos
se desvanecen en los labios de tu boca
y los cantos del silencio
en tu vientre un beso evocan.
Me han dicho que los sollozos calcinan
la vestimenta de tus caricias,
que los holanes de la piel se encrespan
cuando llueven suspiros de mi boca.
Se han resistido las letras a claudicar
en su afán de tejerte rosas,
de emular cielos lisos y azulinos
con vísperas de torrenciales
aguaceros cristalinos.
Me han dicho que te deje de escribir, pero no puedo.
Las hordas del pensamiento se agolpan en mi pecho,
se traducen en grafos amorfos y a tu paso se traducen
en un lenguaje de cuerpos indómitos y azarosos.
Cuando el sol despierte y la luna lo seduzca
dejaré que mi alma sola te recite en silencio
uno más de los poemas
que en el pecho se agolpan.
Me han dicho que los sollozos calcinan
la esperanza de las manos,
que los destellos de mi espalda
se llagan en la espera de verte
desnuda entre mis sábanas.
Me han dicho que te deje de escribir, pero no puedo.
Si a caso muero en la espera de tu cuerpo
recuerda que en lo infinito de mi alma
te seguiré escribiendo cuanto te quiero.
Me han dicho que te deje de escribir,
pero insisto, no puedo.
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lunes, 2 de abril de 2012
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