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miércoles, 27 de junio de 2012

Enésimo despertar

Aún tengo el recuerdo a flor de piel y no se aparta de mi mente un instante. Ella totalmente desnuda sentada frente a un ordenador portátil y yo recostado en la hamaca. El ambiente estaba ligeramente cálido y agradable. De soslayo la veía: su piel morena espléndida, los senos apenas sobresalientes, el vientre algo plano, sin monte Venus, algunos poros erizados de su sexo, una mirada absorta y unos labios de un carmín sensual.

- ¿Te gusta mirarme así, verdad? – Insinuó deliciosamente acariciándose el cabello.

No quería perder ese momento frágil, pero eterno, así que no articulé palabra alguna. Ella siguió mirando hacia el ordenador y yo excitándome cada vez más. Pasaron un par de minutos y de nuevo hizo la misma pregunta.

- ¿Te gusta mirarme así, verdad? – Dijo mordiéndose los labios y abriendo un poco las piernas.

En esos momentos me encontraba en medio de una erección. Mordí la pequeña sábana que tenía en la cara y cerré los ojos para no dejar escapar esa imagen tan volátil. Ya terminé – escuché decir y el sonido seco al cerrar el ordenador se diluyó casi mágicamente. Intenté mirarla de nuevo pero los ojos me pesaban, la erección culminó en una silueta húmeda y el despertador repicando endemoniadamente. ¡Maldita sea! - exclamé al sentir mis ropas húmedas. Me levanté haciendo movimientos sacados de algún espectáculo contorsionista para no manchar la hamaca. ¡Puta madre!  - fue lo último que dije antes de ir al baño a cambiarme de ropa. Eran las cuatro de la mañana y tenía clases a las siete. Me dormí casi de inmediato. Volví a escuchar la pregunta, pero esta vez la hamaca si quedó mojada por enésima ocasión.

jueves, 14 de junio de 2012

En repuesta

Es irónico que a estas alturas tenga que escribir una respuesta a algunos cuestionamientos que un fulano hizo de mi forma de ver la hedionda creatividad – la mía propia. Antes de entrar en materia quisiera dejar en claro que estoy bajo los efectos de una depresión post traumática - enfrascado en una mediocridad creativa para dejarlo de sobra transparente y límpido. 

Quisiera poder decir que la creatividad viene de una parte del cerebro que no está explorada del todo por los mortales, como muchos de nosotros, y que viene en los momentos más inverosímiles. El caso es que el desprestigio, que hacen gala en una reseña insípida, de un escrito que mi imaginación concibió – por así decirlo, porque más bien des-engendró -, fue concebido en la cúspide de esa mal lograda depresión post traumática. ¿Cómo hilar ideas cuerdas cuando se está en ese estado de demencia, perdón, de creación? Es cierto, no alude a los cánones de nada conocido hasta el día de hoy; sé de sobra cuantos y cuales elementos debe tener un escrito, pero no se me dio la real gana de llevarlos cabalmente y no por eso dejo de ser quién soy. No es justificación ese estado de depresión post traumática, ni mucho menos el alejarme de los cánones del buen escribir, pero ejerzo mi derecho de expresión aunque a muchos no les apetezca siquiera hojearlo. Bien decía mi padre cuando me reprendía al hacer travesuras en la infancia: “Habrá más chingones que tú y no por eso dejarás de ser el hijueputa que eres”.

Sigo en la tromba post traumática y no tiene para cuando cesar sus vientos inclementes y desastrosos. Son las tres de la madrugada y sigo pensando en que jodidos pensaba el tipejo ese cuando decidió reseñar mi escrito. No viene mucho al caso dedicarle mucho tiempo y mis ojos ya quieren cerrarse para que mi cuerpo concilie el sueño y mi mente tenga esa sensación engañosa de descanso. Esto se quedará en el tintero porque no tiene caso dedicarle mucho tiempo a la reseña y mucho menos al tipejo.

Se me olvidaba:

- Chinga tu madre pendejo.