La mitad de la tarde está plagada de susurros caóticos, de nubes aprisionadas en los labios y en las sienes. La luz vaga por un cuerpo sediento de placer, de soles moribundos, de cansinos sabores. Los ojos se despiertan bajo la inquisidora mirada del tiempo que los ve envejecer sin celo. Unas manos temblorosas rozan la cavidad etérea de un beso apilado a una servilleta de corazón roto. Se despiden, los sollozos, de una letra acuñada en tinta azul que predica un amor verdadero, un sentimiento inquebrantable.
Los labios del recuerdo besan inquietamente una imagen borrosa acariciando un cuerpo hecho girones por el placer. Una pincelada de rubor se ciñe en el alma de una nota musical. Danza el corazón abrazado al metal incoloro de una sonrisa tímida, retraída. Basta un céntimo de aroma para enloquecer a la tarde en llantos ciegos. Quiere morir la brisa en el rascacielos de un grito apagado que no puede decir: Te amo desesperadamente.
La servilleta de corazón roto se aferra a las cinceladas hechas en su piel. Recuerda los ojos vidriosos que letra a letra tatuaban su alma, el corazón agonizando en un tenue azul. No podía decirle que el amor duele, que no importa ni el tiempo, ni la distancia, siempre duele cuando se ama verdaderamente.
La mitad de la tarde muere suplicando un beso recio, que lluevan caricias, que nazca una cercanía a unos labios ansiosos por besar. Lo ve morir recordando la servilleta de corazón roto, una plática liberadora, unos ojos preciosos y un aroma de manantial temprano. Acompaña el duelo de unas líneas que nacen en lo más profundo de su alma, para depositarlas en un rincón de la memoria, para guardar de nuevo lo que el grito no pudo decirle: Te amo desesperadamente.
Llora la mitad de la tarde junto a mi pecho, agazapado a las lágrimas que se desprenden de mi alma y las letras no cesan, no duermen. El grito apagado no ciñe sus sueños a la brisa que juguetea con mis cabellos. El amor duele… duele más a la mitad de la tarde cuando recuerdo el sepia de un te amo desesperadamente.
Datos personales
viernes, 28 de octubre de 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
Bésame el recuerdo
Cuando la luz capta la desnudez de tu alma,
las manos de las caricias rozan tus besos y
mi cuerpo etéreo se cristaliza en tus sueños.
Bésame el recuerdo, acaricia mi pecho endeble,
humedece los latidos de los besos que aún no te doy,
juega con el lacio cabello del ímpetu de mi voz.
Bésame el recuerdo, bésame de nuevo otra vez,
cuando el tiempo se detenga y se vista de incógnito,
los pies descalzos lloren vagamente,
y las ansias vuelvan a mis letras.
Cuando la luz de mis ojos alumbren tus gemidos,
los labios descansen sobre tu rostro
y mi voz callada emita un te amo ciego.
Bésame el recuerdo, frota los sueños en mi espalda,
cala los sudores en mi estadía muda,
hurga en los minúsculos segundos de tu piel.
Bésame el recuerdo, bésame de nuevo otra vez,
cuando el cansancio mitigue el dolor,
los ángeles sucumban al idilio del ayer
y mi cuerpo desnudo vibre inquieto en tu piel.
Bésame el recuerdo, una y otra vez.
las manos de las caricias rozan tus besos y
mi cuerpo etéreo se cristaliza en tus sueños.
Bésame el recuerdo, acaricia mi pecho endeble,
humedece los latidos de los besos que aún no te doy,
juega con el lacio cabello del ímpetu de mi voz.
Bésame el recuerdo, bésame de nuevo otra vez,
cuando el tiempo se detenga y se vista de incógnito,
los pies descalzos lloren vagamente,
y las ansias vuelvan a mis letras.
Cuando la luz de mis ojos alumbren tus gemidos,
los labios descansen sobre tu rostro
y mi voz callada emita un te amo ciego.
Bésame el recuerdo, frota los sueños en mi espalda,
cala los sudores en mi estadía muda,
hurga en los minúsculos segundos de tu piel.
Bésame el recuerdo, bésame de nuevo otra vez,
cuando el cansancio mitigue el dolor,
los ángeles sucumban al idilio del ayer
y mi cuerpo desnudo vibre inquieto en tu piel.
Bésame el recuerdo, una y otra vez.
lunes, 17 de octubre de 2011
Mañana aún más
Son tus manos las que recorren mis labios a diario, los ungüentos de tu voz lo que arrullan las ansias que nacen en mí. Se escucha el rumor de una caricia que suda la pasión de tu vientre, que urge para amar, que nace para palpar, en mí, la miel del placer.
No sé cómo decirte de nuevo que he caído en tus encantos de mujer, que me enamora más la distancia de tus besos, que nada me separa de tu recuerdo. Las palabras sobran para anidar un suspiro en mi pecho, una angustia cuando lejos estás, una sonrisa cuando tu mirada se cruza con la mía, unas ganas de amarte cuando en mi lecho no estás.
Ayer leí que no soy escritor, ni poeta, sólo un charlatán que disfraza las palabras para amarte más. ¿Qué hago para dejar de ser charlatán? ¿Para no escribirte un poema, una novela, un nocturno ó una canción?
No sé cómo decirte de nuevo que muero por tus besos, por las caricias que aún te faltan por dar, por el sabor de tu piel y tu vibrar. No sé cómo, ni hasta cuándo, lo único que sé es que hoy te amo y mañana aún más.
No sé cómo decirte de nuevo que he caído en tus encantos de mujer, que me enamora más la distancia de tus besos, que nada me separa de tu recuerdo. Las palabras sobran para anidar un suspiro en mi pecho, una angustia cuando lejos estás, una sonrisa cuando tu mirada se cruza con la mía, unas ganas de amarte cuando en mi lecho no estás.
Ayer leí que no soy escritor, ni poeta, sólo un charlatán que disfraza las palabras para amarte más. ¿Qué hago para dejar de ser charlatán? ¿Para no escribirte un poema, una novela, un nocturno ó una canción?
No sé cómo decirte de nuevo que muero por tus besos, por las caricias que aún te faltan por dar, por el sabor de tu piel y tu vibrar. No sé cómo, ni hasta cuándo, lo único que sé es que hoy te amo y mañana aún más.
viernes, 14 de octubre de 2011
Tenue girasol (Ingenuas caricias)
El cielo se veía opacado por un clima lluvioso. Los telones de las ansias derivaban en llantos insonoros. La luz vagaba cansina por las calles solitarias. Elena jugueteaba con los holanes de su sencilla blusa, medía el horizonte con los suspiros de sus ganas. Los zapatos estaban mojados y tiritaban sin cesar.Horas antes se despedía de su madre, que le dio la bendición y un beso en la frente. La falda, algo desajustada, se ceñía perfectamente a su delgado cuerpo. Recordaba las caricias, de Eleazar, que la hicieron estremecerse la noche anterior. Se fijó en un punto de la nada para repasar de nuevo esas mismas caricias y sentir las grandes manos sobre sus tibios senos.
Una tenue llovizna la sorprendió mordiéndose los labios, apretando las manos sobre su pubis erizado. Se repuso a su excitación y retomó su andar.
Seguía el cielo dejando ansias regadas por las calles, llantos incoloros, deseos a medio despertar. De súbito, se detuvo ante un precario jardín, de verjas raídas. Postró la mirada en un punto amarillo que intentaba sobresalir de la hierba y matorrales. Se ajustó la falda para poder brincar la verja. Con las manos separaba la hierba y los matorrales hasta al fin llegar al punto amarillo. Se detuvo un instante eterno, la llovizna jugueteaba con los gemidos oprimidos en el pecho y vertía en los zapatos, que aún tiritaban, un límpido aroma manantial.
No podía creer lo que sus ojos admiraban: era un hermoso girasol. Delicadamente lo arrancó desde sus raíces y lo llevó hasta un sendero que sólo ella conocía. Al día siguiente, lo trasplantó en un roto macetero que encontró en su casa. Con sumo cuidado lo trasladó hasta la ventana de su humilde habitación. Cada día lo regaba y cuidaba con esmero.
Hoy, el girasol es testigo de su entrega pasional con Eleazar. Cada pétalo lleva un gemido labrado con sudor y ansias, el tallo se abriga con los suspiros y jadeos intempestivos. La noche abriga la piel del girasol al compás de un pubis erizado, unas manos grades y una desenfrenada pasión; los pies tiritan de vez en vez.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Te irás
El tiempo corre y la distancia separa mis recuerdos de tu piel y la hojarascas de nuevo ha vuelto a caer. Los recuerdos anidan en el otoño del último beso que te di. Rebate la luna los sinsabores de besar sin tus labios, de acariciar sin tus caricias, de gemir sin tus jadeos, de amar sin tu amor.
Mis ganas quieren seguirte a donde vayas, a donde quieras que mueran, en el rincón oculto que una vez nos sirvió de refugio. No pueden negar que se arraigan más y más a pesar del tiempo, se inmolan a tu despertar, se mojan en la lluvia tibia de tus pies descalzos. El tatuaje de acero que dejaste en ellas se ha vuelto más resistente, más dócil, más candente, mucho más fuerte.
Te irás, pero no sin antes saber que las letras no dejan de decirme que vuelvas, que te aman, que recuerdan los primeros versos que te escribieron, que saben que lloro por momentos tu ausencia. Escriben un libro sin final, de páginas vírgenes aún, que necesitan de la tinta de tus besos y los borrones de tus caricias, de la mercadotecnia de tus arrebatos, los prólogos de tu vientre y los epílogos del anochecer de tu voz susurrando un te amo.
Sé que nuestros caminos encallaran en puertos distintos al ocaso del día; que suspiraré al filo de tu recuerdo, ondeando los latidos del corazón frente al mar de emociones que embargaran mi cuerpo; que caminaré bajo el resguardo de tu sonrisa amplia que guardarás en el baúl de tu alma, ahí donde guardas mi amor, mis besos, mis caricias y todo lo que aún te hago sentir.
Te irás, pero no sin antes dejarme un manual para poder sobrevivir; por lo menos deja un tríptico para cuando la nostalgia inunde de nuevo esta alma que sin ti morirá y en letras muy pequeñitas un te amo que jamás olvidará.
Mis ganas quieren seguirte a donde vayas, a donde quieras que mueran, en el rincón oculto que una vez nos sirvió de refugio. No pueden negar que se arraigan más y más a pesar del tiempo, se inmolan a tu despertar, se mojan en la lluvia tibia de tus pies descalzos. El tatuaje de acero que dejaste en ellas se ha vuelto más resistente, más dócil, más candente, mucho más fuerte.
Te irás, pero no sin antes saber que las letras no dejan de decirme que vuelvas, que te aman, que recuerdan los primeros versos que te escribieron, que saben que lloro por momentos tu ausencia. Escriben un libro sin final, de páginas vírgenes aún, que necesitan de la tinta de tus besos y los borrones de tus caricias, de la mercadotecnia de tus arrebatos, los prólogos de tu vientre y los epílogos del anochecer de tu voz susurrando un te amo.
Sé que nuestros caminos encallaran en puertos distintos al ocaso del día; que suspiraré al filo de tu recuerdo, ondeando los latidos del corazón frente al mar de emociones que embargaran mi cuerpo; que caminaré bajo el resguardo de tu sonrisa amplia que guardarás en el baúl de tu alma, ahí donde guardas mi amor, mis besos, mis caricias y todo lo que aún te hago sentir.
Te irás, pero no sin antes dejarme un manual para poder sobrevivir; por lo menos deja un tríptico para cuando la nostalgia inunde de nuevo esta alma que sin ti morirá y en letras muy pequeñitas un te amo que jamás olvidará.
lunes, 10 de octubre de 2011
Desgajándote.
Una vez más desgajo tu aroma,
tu mirada inquieta, tus labios temblorosos,
aquel recuerdo sepia de gemidos tatuados
en una habitación que tu desnudes extraña.
Siento volcar los ayeres en mis dedos impávidos,
ahogando sentimientos intensos,
llamas fecundas, fuertes emociones desbordadas,
lágrimas encontradas.
La piel necesita nutrirse en tus caricias,
en los rincones que aún te faltaron por explorar,
en las llagas que aún no cierran,
en el amor que aún irradia dentro de mi ser.
Una vez más desgajo tu recuerdo,
en los millones de minutos
que no he pasado junto a ti,
que me han hecho amarte más que a mí.
Siento morir junto al jazmín,
junto a las fotos que tatuaste en mí,
lejos de tu aliento febril,
cerca del infierno que es vivir sin ti.
La espalda necesita respirar tus gemidos,
recordar el dolor que causaba el placer,
el peso de tu desnudes,
la soltura de tu piel.
Una vez más desgajo tu aroma,
en mi cama desgajo tu recuerdo,
en la almohada sueño tu regreso,
en las noches imploro,
imploro que regreses junto a mí.
Una vez más desgajo tu amor
para no morir, ¡sí! ¡morir!
morir lejos de ti.
tu mirada inquieta, tus labios temblorosos,
aquel recuerdo sepia de gemidos tatuados
en una habitación que tu desnudes extraña.
Siento volcar los ayeres en mis dedos impávidos,
ahogando sentimientos intensos,
llamas fecundas, fuertes emociones desbordadas,
lágrimas encontradas.
La piel necesita nutrirse en tus caricias,
en los rincones que aún te faltaron por explorar,
en las llagas que aún no cierran,
en el amor que aún irradia dentro de mi ser.
Una vez más desgajo tu recuerdo,
en los millones de minutos
que no he pasado junto a ti,
que me han hecho amarte más que a mí.
Siento morir junto al jazmín,
junto a las fotos que tatuaste en mí,
lejos de tu aliento febril,
cerca del infierno que es vivir sin ti.
La espalda necesita respirar tus gemidos,
recordar el dolor que causaba el placer,
el peso de tu desnudes,
la soltura de tu piel.
Una vez más desgajo tu aroma,
en mi cama desgajo tu recuerdo,
en la almohada sueño tu regreso,
en las noches imploro,
imploro que regreses junto a mí.
Una vez más desgajo tu amor
para no morir, ¡sí! ¡morir!
morir lejos de ti.
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