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lunes, 19 de julio de 2010

Diluvio lastimero

Es inocente el diluvio que nace de mis manos tibias. Se cuela la zozobra en la lengua oblicua. Pierdo el interés en comunicarle a la razón que nada vaga en los linderos del corazón. Escribo sin punto fijo y elocuencia pertinaz. Quiero devolverle a la locura esa libertad de decir lo que quiera. Es difícil cerrar los ojos sin ver ese cielo nublado con holanes agrietados por la pesadumbre. El alcohol habla más de lo debido y el mariachi llora junto a mí. Soy tequila de llanto reposado. Basta un hombro para llorar y más de una eternidad para olvidar. Inocente diluvio - ¡maldita sea! - el que brota de las comisuras del alma.

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