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miércoles, 27 de junio de 2012

Enésimo despertar

Aún tengo el recuerdo a flor de piel y no se aparta de mi mente un instante. Ella totalmente desnuda sentada frente a un ordenador portátil y yo recostado en la hamaca. El ambiente estaba ligeramente cálido y agradable. De soslayo la veía: su piel morena espléndida, los senos apenas sobresalientes, el vientre algo plano, sin monte Venus, algunos poros erizados de su sexo, una mirada absorta y unos labios de un carmín sensual.

- ¿Te gusta mirarme así, verdad? – Insinuó deliciosamente acariciándose el cabello.

No quería perder ese momento frágil, pero eterno, así que no articulé palabra alguna. Ella siguió mirando hacia el ordenador y yo excitándome cada vez más. Pasaron un par de minutos y de nuevo hizo la misma pregunta.

- ¿Te gusta mirarme así, verdad? – Dijo mordiéndose los labios y abriendo un poco las piernas.

En esos momentos me encontraba en medio de una erección. Mordí la pequeña sábana que tenía en la cara y cerré los ojos para no dejar escapar esa imagen tan volátil. Ya terminé – escuché decir y el sonido seco al cerrar el ordenador se diluyó casi mágicamente. Intenté mirarla de nuevo pero los ojos me pesaban, la erección culminó en una silueta húmeda y el despertador repicando endemoniadamente. ¡Maldita sea! - exclamé al sentir mis ropas húmedas. Me levanté haciendo movimientos sacados de algún espectáculo contorsionista para no manchar la hamaca. ¡Puta madre!  - fue lo último que dije antes de ir al baño a cambiarme de ropa. Eran las cuatro de la mañana y tenía clases a las siete. Me dormí casi de inmediato. Volví a escuchar la pregunta, pero esta vez la hamaca si quedó mojada por enésima ocasión.

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