Es irónico que a estas alturas tenga que escribir una respuesta a algunos cuestionamientos que un fulano hizo de mi forma de ver la hedionda creatividad – la mía propia. Antes de entrar en materia quisiera dejar en claro que estoy bajo los efectos de una depresión post traumática - enfrascado en una mediocridad creativa para dejarlo de sobra transparente y límpido.
Quisiera poder decir que la creatividad viene de una parte del cerebro que no está explorada del todo por los mortales, como muchos de nosotros, y que viene en los momentos más inverosímiles. El caso es que el desprestigio, que hacen gala en una reseña insípida, de un escrito que mi imaginación concibió – por así decirlo, porque más bien des-engendró -, fue concebido en la cúspide de esa mal lograda depresión post traumática. ¿Cómo hilar ideas cuerdas cuando se está en ese estado de demencia, perdón, de creación? Es cierto, no alude a los cánones de nada conocido hasta el día de hoy; sé de sobra cuantos y cuales elementos debe tener un escrito, pero no se me dio la real gana de llevarlos cabalmente y no por eso dejo de ser quién soy. No es justificación ese estado de depresión post traumática, ni mucho menos el alejarme de los cánones del buen escribir, pero ejerzo mi derecho de expresión aunque a muchos no les apetezca siquiera hojearlo. Bien decía mi padre cuando me reprendía al hacer travesuras en la infancia: “Habrá más chingones que tú y no por eso dejarás de ser el hijueputa que eres”.
Sigo en la tromba post traumática y no tiene para cuando cesar sus vientos inclementes y desastrosos. Son las tres de la madrugada y sigo pensando en que jodidos pensaba el tipejo ese cuando decidió reseñar mi escrito. No viene mucho al caso dedicarle mucho tiempo y mis ojos ya quieren cerrarse para que mi cuerpo concilie el sueño y mi mente tenga esa sensación engañosa de descanso. Esto se quedará en el tintero porque no tiene caso dedicarle mucho tiempo a la reseña y mucho menos al tipejo.
Se me olvidaba:
- Chinga tu madre pendejo.
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jueves, 14 de junio de 2012
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