Le dije que no mirara directamente a mis ojos, en ellos guardaba
celosamente el amor que le tenía. Siguió lamiendo mis senos y acariciando mi
espalda. Me encendió toda. La noche desdibujaba un sueño añejo y gemía sin
importarme nada. Balbuceó que me quería, pero sentí que no lo decía en serio, sonaba
inseguro, preferí seguir jadeando. Mis entrañas se desahogaban en cada arrebato
de su sexo, sudaba a mares. Terminó dentro de mí. Sin decir nada se fue al baño,
se duchó y enseguida regresó a la cama para dormir un rato. No quise
despertarlo. Dejé sobre el buró una sortija de oro blanco y una nota: “El amor sin
dueño es estar vacío por dentro…”. Cerré la puerta de la habitación del motel y
regresé a soportar de nuevo la rutina de ser madre, esposa y pendeja. Mañana es
mi aniversario de bodas y ya estoy satisfecha. ¡Que se vaya a la mierda mi
marido!
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jueves, 22 de agosto de 2013
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