Una tarde regresaba a casa y se le antojó tomar un helado. La nevería “Colón” estaba camino a su casa ó ella creía que si lo estaba. Las calles lucían límpidas, como un sueño, después de la lluvia vespertina. Pidió un helado de coco, para llevar. Al salir se tropezó con una persona. ¡Coño! – dijo sin vacilar. Inmediatamente se sobrepuso y se disculpó muy apenada. De súbito, reconoció a Juan. El silencio incómodo duró un par de minutos. ¿Qué haces por aquí? – Le preguntó Juan. Joanne sólo se limitó a sonreír. Te compraré otro helado – insistió Juan. La acompañó hasta la puerta de su casa. Intercambiaron números de teléfono y se despidieron secamente.
Después de ducharse sintió la necesidad de acariciarse el sexo. El recuerdo del aroma de Juan la excitaba. Los gemidos apagados llenaron el cuarto. Acabó exhausta. Casi en silencio guardó su vibrador. Pasaron varios días antes de que Juan le enviara un mensaje. La invitaba a tomar un café después del trabajo. Joanne aceptó sin mucho ánimo. A las seis de la tarde ella entró al café “El Olimpo” y pidió un americano. Juan llegó agitado y se disculpó por la demora. Las palabras se entrelazaban y sus historias sorbo a sorbo las oían. Joanne interrumpió la plática. Ya es tarde, tengo que regresar a casa, dijo mirando el reloj colgado en la pared. Quiero sentir tus labios, soltó apenada. Juan pagó la cuenta y fueron a un motel.
Ella temblaba. Juan le supo dar placer. Joanne olvidó el tiempo, el pan para la cena, los estúpidos consejos que sus compañeras de trabajo le daban. Quería seguir disfrutando a Juan toda la noche. La noche es joven, se decía en sus adentros para tratar de transformar los minutos en un infinito atemporal. Un par de horas después Juan se vestía. ¿Ya te vas? Aún tengo ganas, le dijo Joanne con voz melosa. Le dio un último beso, salió del cuarto, pagó y desapareció entre las calles solitarias.
A hurtadillas entró Joanne a su casa. Su madre la esperaba despierta en la cocina. Estás grande y tú sabes lo que haces, le reclamó. Apagó la luz de la cocina y se fue a dormir. Joanne se encogió de hombros, entró a su cuarto y se tumbó en la cama. El sueño llegó en pocos segundos. Al despertar vio un mensaje de Juan en el teléfono celular. La citaba de nuevo para tomar otro “café”.
Son las siete. Joanne suspira emocionada al pasar frente al café “El Olimpo”. Juan la espera en el motel.
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