Contenido

miércoles, 7 de mayo de 2014

Una puta por regalo


La primera imagen que rescató el recuerdo fue la desnudez de Marla, una puta que se paseaba todas las noches en la misma esquina de la avenida Itzaes. Nadie sabe para quién trabaja, me dijo, aprovecha bien tu dinero galán. Le sonreí discretamente. Esa noche cumplía veinticinco años y para festejar quería tener sexo salvaje. Lo pensé unos momentos y me decidí. Cuánto cobras, dije, quiero algo especial, es mi cumpleaños. Por mil pesos te hago lo que quieras, dijo acariciándome las mejillas, eres tan lindo. En dónde está tu carro. Le señale un viejo Ford Ikon. Vamos al motel Maracay, ahí me dan tarifa especial, dijo guiñando el ojo.

Entramos al cuarto. Me llamo Marla, dijo antes de desnudarse. Sus pechos eran enormes y flácidos, pubis rasurado y nalgas llenas de celulitis. Casi salgo corriendo. Siempre imaginé a las putas como en las revistas y las películas pornográficas: perfectas. Por ser tu cumple te daré una gran mamada, dijo, bájate los pantalones. Empezó a devorar mi verga flácida. Una erección empezó a gestarse en cada lamida. Se detuvo. No quiero que te vengas todavía, quiero que pruebes otras cosas. No soporté más. Chinga tu madre, me das asco, dije encabronado. Me dio una bofetada y se la respondí con un madrazo en la quijada. Se cayó de espaldas. La empecé a patear por todos lados. Me cansé. Le tiré los mil pesos y salí.

El chirriar de la puerta del motel me devolvió al presente. Me llamo Megan, dijo antes de desnudarse.

No hay comentarios: