A Carlos Martín.
El
aviso
Eran
las diez de la mañana, un día caluroso del mes de Agosto, cuando me habló la
secretaria por teléfono. Te espera el Ingeniero Ordaz en su privado, dijo ella
delicadamente. Colgué el teléfono y me dirigí al privado. Ya me habían
comentado que la empresa estaba en crisis económica y necesitaba concretar
proyectos fuera de la ciudad; en otros estados; inclusive en los EE.UU. La empresa se llamaba On Demand Soft y nos dedicábamos a desarrollar software a la
medida. Era mi primer trabajo, tenía veintiún años, y estaba ávido de
experiencias laborales para encontrar un mejor trabajo; será mi trampolín,
pensé en ese entonces. Toque la puerta antes de abrirla. Pasa, Arquímedes, dijo
con voz condescendiente, como lo hacen los vendedores que te van a estafar. Me
señaló la silla que estaba frente a su menudo escritorio. Le extendí la mano,
para saludarlo, antes de sentarme y tragar saliva.
-
- ¿Ya terminaste tu capacitación en
programación Centura?, dijo con una media
sonrisa diabólica, según recuerdo.
-
- Sí,-respondí nervioso.
-
- En estos momentos requerimos de tu
incondicional apoyo,- dijo sin quitar la vista del monitor de su laptop-. Se enfermó un desarrollador que
estaba en un proyecto en Ciudad del Carmen,-apretó los dientes antes de
continuar-. No podemos dejar al cliente colgado y no tenemos más
desarrolladores en Centura, salvo tú.
-
- No tengo tanta experiencia,- dije
dubitativo.
-
- No importa, sobre la marcha aprenderás.
Si alguien te pregunta, dile que tienes experiencia y estás en camino de la
certificación.
Mis
manos estaban sudando; era eminente que subiría a plataforma.
-
- Mañana te vas a Ciudad del Carmen. El
camión sale a las 11:45 de la noche,- dijo extendiéndome un boleto sencillo del
ADO. Tienes el resto del día para instalar todas las aplicaciones que necesites
y te den parte de los viáticos. Luego te depositarán el resto,- concluyó y me
dio un palmadita en la espalda.
El
resto del día me la pasé instalando aplicaciones y un Líder de Proyectos me dio
una rápida repasada de lo que tenía que hacer y a quién dirigirme cuando
llegara a la plataforma. Los que trabajan en plataforma, dijo, están 14 x 14.
¿14 x 14?, pregunté desconcertado. La risa del Líder retumbó en la habitación.
Sí, continuó, 14 días arriba y 14 días abajo; es decir, 14 días trabajas y 14
días descansas. Es un logro que consiguió el Ingeniero Ordaz, dijo
irónicamente, ya que normalmente otras compañías trabajan 28 x 14. Sólo atiné a
tragar saliva. Antes de irme me dijo que podía tomarme el día siguiente para
preparar las maletas y otros pendientes que tuviera, ya que catorce días
estaría casi incomunicado, salvo por correos electrónicos, si el tiempo en mar
abierto lo permitía.
La
partida
Al
día siguiente, desperté temprano, no
pude dormir por los nervios del viaje y saber que estaría en territorio
desconocido por todos los flancos. Mi mamá me aconsejó que tuviera cuidado con
la gente: ¡hay gente mañosa!, dijo de manera enérgica. Me puse a hacer la
maleta, una grande. A la una de la tarde comimos frijol con puerto, una de mis comidas favoritas,
para irme con un buen sabor de boca.
Salí
de mi casa a las once de la noche; el taxi ya me esperaba en la puerta. Antes
de abordarlo, mi mamá me dio la bendición: Cuídate hijo, ve con Dios. Al ADO, le
dije al taxista al entrar. Llevaba la maleta
y una mochila donde guardaba la laptop.
La ciudad lucía desierta, era martes y el miércoles a las ocho de la mañana se
realizaba el cambio de turno para subir a la plataforma. En mi mente se paseaba
el nombre de la plataforma: Ek Balam.
Era una plataforma semi-sumergible. Tuve que buscar en internet qué diablos era
una plataforma semi-sumergible. En pocas palabras, era un tipo de plataforma
petrolera marina flotante que permanece
posicionada con anclas o posicionamiento dinámico. Las fotos en la Internet
eran impresionantes. Suspiré nostálgico. Sin embargo, Ek Balam ya no servía para la extracción del petróleo, sino que servía
para darle mantenimiento a plataformas fijas, según me había comentado el Líder
de Proyectos. Temblaba por ratos. Llegamos al ADO a las 11:20 de la noche. Fui
directo a registrar mi equipaje y a esperar que anunciaran la salida hacia mi
destino. Un rato después se oyó una voz femenina por los parlantes:
“ADO
les da la más cordial bienvenida. Les
informamos que ya se pueden abordar, en el Adén #3, el autobús 3452 con destino
a Campeche-Champotón-Ciudad del Carmen, con salida a las 11:45 de la noche…”
Lo repitió dos veces y al final nos deseo buen viaje. Abordé el camión y me dirigí a mi asiento. Los otros pasajeros empezaron a subir. El conductor nos dio la bienvenida y minutos después salimos de la terminal. Miré por la ventana. Las calles seguían desiertas y las sombras reflejadas en el pavimento. Decidí, después de veinte minutos, dormir o cuando menos intentarlo.

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