Es difícil merodear sin aguantar las ganas de ceder ante la distancia. Tú acoplada a las lunas sedientas de este verano tibio. Recorro las arenas de una playa virgen y tu sonrisa se desplaza por mi cuello. Intento tomarte de las manos pero la brisa disipa la caricia. Huyes por los corales y anidas en aquella palmera de brazos caídos y frutos secos. El tiempo inerte se fuga por los rabillos de las olas. Espero despierto tu llegada. Una sombra hace latir desbocado el corazón, una sombra pasajera que sigue su camino. Se cristalizan las lágrimas que emanan de mi pecho. Duermo para atraparte entre la brisa y mis labios y así poder besarte lentamente. La simpleza de tu desnudez evoca esas caricias nocturnas que envuelve el manto acuífero de mi pasión. Es tan increíble que aún te ame y que mi espalda desee tus arrebatos ciegos. Es difícil merodear sin alzar la vista para buscarte envuelta entre las sábanas sepias. El ocaso baña un corazón perpetrado entre arena y sal. ¿Qué me queda? La esencia de los aromas frescos de flores silvestres, una manantial que resopla vago en el tic tac del reloj, una mirada ceñida al horizonte, un deseo y sólo uno… el amarte, hoy por la noche, una vez más.
Datos personales
martes, 13 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Con mucho sentimiento...
Somos amalgama de tal...
Saludos.
Ivor.
Publicar un comentario